El Poeta Hambriento

Desde el experimento y el buen uso de la palabra sale lo mágico, es decir, Rubén Darío (1867-1916) nos introduce en una ciudad gobernada por un brillante rey pero no cualquiera sino El Rey Burgués, poderoso y poseedor de un inmenso palacio lleno de riquezas y objetos de arte maravillosos. Era el Rey Sol, en su Babilonia llena de músicas y ruido de festín, llegaba a su palacio entre extensos estanques que contenían cisnes de cuellos blancos, vasta pajarera y cerca iba a escuchar su espíritu, leyendo novelas de M. Ohnet y bellos libros y felizmente subía por una escalera llena de columnas de alabastro y de esmaragdita que tenía leones de mármoles descansando a los lados. Con una corona en la cabeza, como un rey de naipe, se paseaba por todos los salones del palacio. Dos, tres, cuatro ¿Cuántos salones?

Un día aparece un hombre, un poeta pobre que no ha comido pero ha acariciado a la gran naturaleza, ha buscado al calor del ideal, el verso que está en el astro en el fondo del cielo y el que está en la perla en lo profundo del océano. Este poeta tiene el poema como el arco triunfal y le dice al Rey Burgués que el arte es algo vivo y que no está en los fríos mármoles, ni en los cuadros laminados y el arte no viste trajes caprichosos y ricos ni habla en burgués.

Pero ya antes el Rey Sol lo había visto extraño como sí tratase de un animal y preguntó: ¿Qué es eso? Finalmente el Rey Burgués le dijo al pobre poeta: “Daréis vueltas a un manubrio. Cerraréis la boca. Haréis sonar una caja de música […] como no prefiráis moriros de hambre. Pieza de música por pedazo de pan. Nada de jerigonzas, ni de ideales.” Y así fue, le pusieron en el centro del jardín – como si fuera un animal más- y cuando el rey pasaba el pobre poeta tenía que tocar una tonada. Con el paso del tiempo, hizo mucho frío y el rey mandó que arroparan a todos sus animales e ignoró por completo al pobre poeta que se murió abandonado. Un fin trágico para el poeta y una actitud de crueldad de un rey rico, sin compasión y de poca humanidad por olvidar y/o dejar al pobre poeta. Esta actitud según Rubén Darío es loa de un burgués.

Pero ¿Quiénes el Rey Burgués o el Rey Sol en realidad? Posiblemente en este caso Darío se refiere a la mala situación del poeta en general y la poesía en particular frente al poder de los ricos que controlan el sistema productivo de los artistas poetas. Podría tratarse de una crítica hacia un grupo con cierto poder que va a en contra de otro más pobre pero éste último con más contacto con la gran naturaleza.

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