Hoy me gusta la vida mucho menos

Un discurso orientado a realizar una comunicación, una comunicación que es una acción lingüística, un acto verbal o acto de habla que como tal es una acción, acción como toda acción lingüística no sólo “dice” algo sino que “realiza” algo, realiza lo que está diciendo: prometer, jurar, preguntar, etc. Es decir, hace con palabras y, por lo mismo, nos muestra su condición de lenguaje puesto en acción.” (Lectura pragmática de Vallejo, 185). Podemos interpretar esta lector y sentir que en sus poemas hay una fuerza expresiva de la información que nos emita el poeta. También cabe mencionar una atención que nuestro maquinista Juan nos hizo de los poemas de Vallejo. Se trata de Trilce: es la recurrencia a imágenes pertenecientes al mundo animal, ellas conforman una red, a modo de plataforma, donde se inserta la metafísica de la poética vallejian. “Tengo un miedo terrible de ser un animal”

En nuestro caso interesa enfocarnos en el lenguaje mezclador de lo expresivo con lo metafísico, una especie de collage de imágenes del discurso de la vida y la muerte “siempre me gusta vivir: ya lo decía” pero “hoy me gusta la vida mucho menos” apreciamos que hay unas fuerzas de tensión y torsión de un juego de lo metafísico del humano ante la vida y la muerte.  ¿Es el suicidio? Quizás ni siquiera habla de él mismo, sino de otro que quiere o ha querido suicidarse “Casi toqué la parte de mi todo y me contuve con un tiro en la lengua detrás de la palabra” este discurso se va cambiando “me gusta la vida enormemente pero” aquí hay una ambigüedad en el discurso, es decir, múltiples interpretaciones y unas imágenes collage “y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!” esta imagen final del poema tiene un tono positivo hacia la vida.

HOY ME GUSTA LA VIDA MUCHO MENOS

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!…
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél; una frente ésta, aquélla… Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tánta vida y jamás! ¡Y tántos años,
y siempre, mucho siempre, siempre, siempre!

El poeta Cesar Vallejo (1892 – 1938)

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